Julio es también el Mes del Orgullo de la Discapacidad, conmemorando el establecimiento de la Ley de Americanos con Discapacidades (ADA, por sus siglas en inglés).
El 26 de julio de 1990, el expresidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, estableció la ADA. Esta ley exige que los espacios públicos, las instituciones educativas y los lugares de trabajo sean accesibles, adaptables e inclusivos hacia la gente con discapacidades físicas y/o cognitivas.
La ADA fue la primera ley de derechos civiles anti-ableísta del mundo. La comunidad discapacitada, junto con la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo, el Comité de Empleo de Personas con Discapacidad y el Consejo Nacional de Discapacidad, lucharon por su establecimiento. Hoy en día, las personas discapacitadas pueden estar en la comunidad, asistir a la escuela, votar, obtener un título y/o trabajar sin mayores problemas como cualquier persona.
Por muy prometedora que parezca la ADA, el ableísmo sigue prevaleciendo, especialmente en la vida personal de las personas discapacitadas. Sí, ahora, las personas con discapacidades están algo más integradas en la sociedad, pero ¿qué pasa con sus objetivos y necesidades humanas sociales, personales, románticas y sexuales? Aunque el gobierno, o la sociedad, los apoya en sus necesidades y metas médicas, físicas, académicas y profesionales, todavía no reconoce sus necesidades y deseos personales, emocionales e íntimos.
Socialmente, la mayoría de los lugares públicos son accesibles, pero ¿qué pasa con las casas residenciales? Las personas discapacitadas y sus familias a menudo batallan para encontrar casas accesibles que apoyen su estilo de vida, a veces gastando dinero y tiempo extra en renovaciones o construcciones desde cero. A pesar de los programas nacionales para ayudar con los costos de renovación o construcción, encontrar una casa accesible es un desafío. Todos pueden quedar discapacitados o tener un hijo con una discapacidad. Es por eso que la ADA también debería aplicarse a los estándares de vivienda residencial porque la accesibilidad beneficia a todos, no solo a la actual comunidad discapacitada.
El transporte accesible es otra brecha. Algunas personas con discapacidades necesitan a alguien que las conduzca y/o un vehículo accesible. Los transportes públicos y privados accesibles no son confiables debido a conflictos de horarios y requisitos de reserva de 24 a 48 horas. Una mejor opción es un vehículo accesible personal, pero es costoso. Los programas de subvenciones, fondos o préstamos pueden estar disponibles, pero la falta de conocimiento lleva a las personas a solicitar préstamos a bancos. La mayoría de los bancos no cubrirán las modificaciones accesibles, ya que se consideran accesorios. La ADA debería aumentar las opciones de transporte accesibles e incluir los servicios bancarios en sus artículos.
Las personas discapacitadas se enfrentan a limitaciones financieras en su vida profesional y matrimonial debido a las ganancias restringidas y a la posible pérdida de beneficios sociales como la cobertura médica. Elegir entre beneficios e independencia financiera dificulta su crecimiento y competencia. La suposición ableista de que los matrimonios heterosexuales-patriarcales son los principales estabilizadores económicos, sociales y morales de la sociedad condujo a este problema. El gobierno ve a tales matrimonios como una herramienta para aliviar la carga de la economía estatal y federal y regular quién puede y no puede casarse.
Además de que la doctrina del matrimonio ideal es sexista y homófoba, también es ableista. Los discapacitados casados tienen un límite de ingresos más bajo para recibir beneficios completos que los solteros porque el gobierno asume inadecuadamente que incluso alguien con un salario mínimo puede mantener a su cónyuge. Desde la perspectiva del gobierno, el matrimonio es una forma de disminuir la carga económica de los hijos de padres solteros y las personas con discapacidad. Esto obliga a las parejas discapacitadas o mixtas (con y sin discapacidad) a optar por no casarse o a vivir por debajo del nivel de pobreza, lo que puede causar circunstancias que pongan en peligro la vida, y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Por lo tanto, a las personas con discapacidad se les niega de alguna manera un derecho civil.
Estos retos son solo la punta de un iceberg ableista, no solo en los Estados Unidos, sino mundialmente. Incluso antes de pensar en el matrimonio, las personas discapacitadas deben enfrentarse a las luchas para encontrar a su alma gemela. A lo largo de la historia, las personas con discapacidades han sido marginadas. Las familias podrían haber creído que son una carga y/o una vergüenza para la familia, excluyéndolas de eventos sociales y éxitos personales con la suposición ableista de que no podían socializar, tener amistades o relaciones románticas.

La ideología ableista tiene raíces históricas en el movimiento eugenésico de principios del siglo XX y la masacre nazi de personas discapacitadas. El arte histórico, la literatura y los medios de comunicación a menudo presentaban a las personas discapacitadas de una manera burlona, anormalizando la discapacidad en la sociedad. Esto ha llevado a suponer que individuos con discapacidad son ineficientes, incapaces de amor o atracción y carecen de deseos sexuales, lo que dificulta para ellos tener relaciones románticas.
Las personas con discapacidades también han internalizado el ableismo. La sociedad ha condicionado a las personas a ver las discapacidades como anormales, a pesar de que todos son susceptibles de quedar discapacitados debido a accidentes, enfermedades o edad. Esto afecta negativamente la autoestima y la auto-percepción de las personas discapacitadas. Muchas personas discapacitadas cuestionan su atractivo y carecen de confianza para confesar sus sentimientos debido al miedo al rechazo o a la incomodidad de los demás. Para ellos e incluso para sus familias, el ableísmo internalizado puede servir como un escudo para prevenir dificultades, pero también perpetúa la auto-opresión, obstaculizando una vida social y sexual normal y satisfactoria.
La sociedad ha deshumanizado a las personas discapacitadas. Sí, las personas con discapacidades son externamente diferentes, pero eso no significa que no tengan una mente, un corazón y un alma que merezcan amar y ser amadas. Siguen siendo seres humanos que merecen algo más que un apoyo superficial y materialista. Merecen experimentar relaciones románticas satisfactorias, encuentros sexuales placenteros e incluso matrimonio como cualquier persona común. Merecen vivir más allá de lo que la actual ADA y la sociedad esperan. Las discapacidades no deberían ser razones para mirar hacia otro lado, sino razones para ver más allá de la la superficie.